
Creo que poca gente conoce mi fascinación por Van Gogh. Algunos la han "sufrido" en mis viajes a Londres, París, Amsterdam... Si fuera una Thyssen intentaría hacerme con una de las copias de Los Girasoles o de La Habitación de Arles. Me conformo con un póster. No soy muy dada al arte, digamos que soy una chica de ciencias, pero hay algunos pintores que consiguen que poder ver un cuadro suyo sea comparable a asistir a un concierto de ese grupo que hace tanto tiempo que deseas ver, por decir algo. Quizá no entenderé de movimientos, técnicas, etc, pero si algo me llama la atención... podría perder muuucho tiempo observándolo, analizándolo, admirándolo, pero no sería tiempo perdido.
" ¿ Por qué tantas veces había estado horas enteras ante los cuadros de Van Gogh y había sentido una paz en su interior, como si los cuadros no hubieran sido pintados por un paranoico desesperado, sino por un hombre completamente feliz ? Porque nada podía destruir la impresión.
Por supuesto que un cuadro se podía destruir. Pero mientras existiera, el instante en él cautivado era definitivo. Los girasoles no se marchitarían jamás. Las bombas no caerían sobre el puente levadizo de Langlois, en Arles. Nada podría robar su intención al motivo pintado, aunque se retocase. Por debajo, el original se conservaba. Lo terrible seguía siendo terrible, lo bello no perdería jamás su belleza. Incluso el retrato del hombre de rasgos pronunciados y el vendaje blanco en la oreja, que miraba con ojos profundos al observador, poseía cierta confianza reparadora, pues al menos en el cuadro no podía ser más infeliz, ya que ni siquiera podía envejecer. Encarnaba el instante eterno. Había vencido. Al final había triunfado sobre los verdugos y los ignorantes, los había eliminado con su pincel y su genio.
" [Frank Schätzing. El quinto día]
" ¿ Por qué tantas veces había estado horas enteras ante los cuadros de Van Gogh y había sentido una paz en su interior, como si los cuadros no hubieran sido pintados por un paranoico desesperado, sino por un hombre completamente feliz ? Porque nada podía destruir la impresión.
Por supuesto que un cuadro se podía destruir. Pero mientras existiera, el instante en él cautivado era definitivo. Los girasoles no se marchitarían jamás. Las bombas no caerían sobre el puente levadizo de Langlois, en Arles. Nada podría robar su intención al motivo pintado, aunque se retocase. Por debajo, el original se conservaba. Lo terrible seguía siendo terrible, lo bello no perdería jamás su belleza. Incluso el retrato del hombre de rasgos pronunciados y el vendaje blanco en la oreja, que miraba con ojos profundos al observador, poseía cierta confianza reparadora, pues al menos en el cuadro no podía ser más infeliz, ya que ni siquiera podía envejecer. Encarnaba el instante eterno. Había vencido. Al final había triunfado sobre los verdugos y los ignorantes, los había eliminado con su pincel y su genio.
" [Frank Schätzing. El quinto día]